domingo, 7 de diciembre de 2025

APU

El tiempo hablaba por sí solo, el descuido de la humanidad era manifiesto. La vida, la evolución había entrado en un período de declive, atrás quedaron las épocas de florecimiento y apogeo.



Cada día había más muerte en la naturaleza; y el cambio climático llevaba como un reloj de arena el tiempo que parecía extinguirse.



Los científicos estaban batallando para prolongar la vida, que en la tierra parecía tener un destino inexorable cada día más próximo y que olía a muerte.



Se manifestaron los primeros indicios del desastre que sobrevendría a los habitantes de la tierra. 


Los tiempos parecían cumplirse decía un religioso con los libros sagrados en la mano. 


Todo indicaba que estábamos en lo últimos tiempos y así parecían confirmarlo los hechos.



El clima era intolerable y cada día se polarizaba aún más. Por un lado frío extremo y por otro calor insoportable. 


Los mares crecían y grandes extensiones de tierra quedaban cubiertas por las aguas de los océanos que asolaban ciudades enteras.



Por otro lado las sequías extremas que cuarteaban la tierra sedienta de lluvias, donde ya casi no había vida y donde aparecían enfermedades cada día más diversas,  que presagiaban una destrucción global.



Ello a su vez incrementaba muchos problemas en la tierra, que ahora contaba con recursos escasos, y que incentiva la aparición de viejos nacionalismos que parecían extinguidos; y ahora renacían con el objeto de dominar  y hacer de otros pueblos sus esclavos.



Aparecían también ideologías alucinantes que mataban sin piedad niños y pueblos enteros, con tal de dar temor y fortalecer su poder. 


Extremismos y grupos terroristas aparecían por doquier y se escuchaba de muertes en escuelas, bares, supermercados, de parte de desquiciados, que trataban de dar miedo y hacerse cargo del poder.



El dinero era una mercancía codiciada y se explotaba a los pueblos sin piedad con tal de extraerle sus recursos y empezar cada uno a construir fortines y búnkers para protegerse ante un colapso total.



Los gobiernos debilitados empezaban a agruparse en alianzas, uniones y se protegían con tratados que les ayudaba a controlar el poder.



Era de esperarse , que pronto se instaurara un  gobierno mundial, porque cada nación no podía con tantos problemas y dictadores que solo querían llegar al poder para llenarse los bolsillos.



Los líderes ya tenían preparado un plan de contingencia. Y años antes, éste gobierno mundial, había ocupado territorios y sometido a varios pueblos con el propósito de poner orden, según dijeron.



Desde hacía muchos años, se había viajado a los planetas distantes y se había invertido miles de millones de dólares en investigaciones porque según su teoría, nuestro planeta se tornaría cada día más violento, e inhabitable. 


Laboratorios de vida fueron sembrados y cultivados en varios planetas para habilitar con el tiempo un entorno similar al de la tierra.



Ya se conocía cuáles podrían ser los lugares propicios para soportar la nueva existencia humana. 


Ahora seríamos nosotros “los terrícolas” que llegaban a colonizar otro sitio; como antes tal vez fueron los marcianos, que conquistaron la tierra.



Ya se tenían naves listas y se buscaba un momento propicio para la salida, que según los científicos, era la única solución. 


Cada día ocurrían grandes desastres, y la era glaciar en la tierra era inminente. 



La llegada de esta era aceleró los planes y propició que el gobierno mundial se dedique a la tarea de evacuación. 


Para ello se formó un gobierno de fuerza, dictatorial, donde quedaron atrás, principios que antes enarbolaron de libertad e igualdad.



Se establecieron criterios estrictos para ser elegido como colonizador. El estudio de su carga genética fue preponderante.  


Había que elegir a los más capaces y dotarlos para ello de mejoras. 



Eran personas, cada día menos humanas, y creadas por el mismo hombre, para resistir condiciones extremas en algún nuevo planeta. 



Un ser así, modificado, ya era casi un pariente lejano del común de los mortales. 



Eran guerreros y eran científicos, tenían múltiples habilidades y se había desarrollado en ellos un espíritu superior. 



Las criaturas ,humanas, mortales y comunes;  habían pasado a ser en su propio terruño seres inferiores. Y como en las películas futuristas del siglo XXI luchaban también por su supervivencia.



Estos, más apegados a una religión que aún conservaban, esperaban aún la llegada del Mesías Salvador. 


Los otros incrédulos, los perseguían como antes fueron perseguidos en tiempos bíblicos, porque hostilizaban y menospreciaban sus planes de huida.



En tierra quedarían estaciones, que protegidas debidamente, intentarían pasar la era glaciar próxima.


Quedarían como laboratorios de experimento, sabiendo que era casi imposible su supervivencia, por los años que ello implica. 


La unión ante el inminente desastre los llevaría a crear monumentales construcciones que quedarán como señal para futuros habitantes; tal vez parecidas a las pirámides o cuevas en tierra que es difícil de explicar hoy en tierra y no concuerdan con la evolución del homínido.



Ya establecidos fuera, enviarían naves para monitorear la especie y tratarían de mantenerla indemne, como no pudieron hacer con casi ninguna de los mamíferos, que ya eran parte del pasado.




Los científicos ya tenían codificadas, las características de todas las personas en la tierra.


Sus fichas u hojas de vida eran como un sello en la frente y todos llevaban un chip como distintivo.



Los elegidos fueron sometidos a terapia transgénica, para mejorar sus genes y hacerlos más longevos, además podrían ser clonados muchas veces para mantener la calidad y continuidad de la especie.



Ahora parecía cobrar sentido la importancia de la ciencia, lejos ya de conceptos morales o juicios precipitados que antaño padecieron Galileo u otros muchos. 


El aparente caos de las investigaciones convergió en la supervivencia del nuevo proyecto humano.



Para ello se pensó enviar diversas misiones a diversos planetas, ya acondicionados previamente por misiones espaciales que trataron de dotar a aquellos posibles planetas de oxígeno y agua y vida.



APU, era un proyecto muy particular y él vive actualmente, en el territorio del Perú, que antes fue dominio Inca, cuna de una gran civilización. 


Su nombre en quechua, idioma nativo, es montaña o monte sagrado.



Sus rasgos, sin embargo, son europeos. Es el blanco, de ojos azules. Es varón apuesto. Tiene el carácter fuerte y es emprendedor. No deja  vencer por nada ni nadie y piensa que todo tiene solución. 


Ha luchado mucho durante su vida y ha sufrido muchas dificultades, las cuales ha vencido siempre, lo que le daba características particulares.



Apu, ha sido observado, por el gobierno mundial desde hace muchos años, como lo han hecho con otros personajes de varios continentes, para una misión que ellos mismos no la sospechan, pero que empieza a dar sentido a sus vidas que parecen ahora cobrar sentido.



Más adelante contaría, como algunos años atrás, cuando dormía, le pareció morir. Un dolor muy fuerte se apoderó de él, se daba cuenta que tal vez no despertaría, y se entregó al destino, y a su suerte. 


Pasó en pocos instantes, a través de un túnel lleno de luces, como entre rayos, por el cual él descendía, avanzaba. 


La luz era radiante, brillante; no le atemorizaba, por el contrario, le agradaba, mientras viajaba, estaba sólo, con su cuerpo, que libremente fluía. El se dejaba llevar y no sabía dónde iba, pero no le incomodaba. Se sentía bien. Era el bien. Estaba bien.



Al cabo de algunos segundos llegó a un destino que no imaginó. 


Estaba en una camilla, al lado de otras dos, en lo que parecía ser un hospital o centro quirúrgico. 


No veía quienes estaban a su lado, y luego que despertó, en su cama, asustado como un conejo, sudado, excitado y asustado al máximo; se dio cuenta en ese instante que algo había sucedido, pero se encontraba aliviado porque estaba vivo y no había muerto como creía. 


Todo parecía ser parte de un sueño, que ahora lo recordaba.


Al contarle a su hermano sale por la ventana y relata haber visto una nave espacial.



El cree ahora, que tiene una función que cumplir y que será manifestada cuando sea necesario. 


En el tiempo que estuvo en ésa camilla pudo ser preprogramado por seres superiores, desde aquel momento Apu se sintió diferente, no obstante,  en la vida no le fue mejor. 


Continuaba con sus penas, dolores, y  tristezas; aunque también tenía alegrías, como aguardando ser llamado  en  una ocasión posterior.



Ello le hacía crecer como persona  y su nombre vaticinaba, que habría de ser como una montaña, así de fuerte, así de alta. 


Una montaña casi sagrada, e inamovible ante la fuerza de los vientos e impasible ante lo que veía. 


Ella, sea lo que fuere y pase lo que pase Permanecía siempre. 


Desde allí observaba lo que sucedía a su alrededor y no le conmovía. El nunca se inmutaba. 


Había desarrollado una fuerza de espíritu, mediante la cual, no le llegaban las tristeza, ni le entusiasmaban mucho las alegrías. 


Era como el tiempo, que ve pasar nuestras horas y parece no importarle nuestra vida, pero esta allí, nos acompaña y, paradójicamente, siempre estamos pendiente de él. 


APU, hacía una vida común y su trabajo consistía en hacer el bien y forjar cada día su carácter.


El presente para APU, era su todo. A pesar de su buen optimismo, el mundo le preocupaba creía que no había solución.


Sin embargo, dejaba que el tiempo haga lo suyo y todo lo que había visto se sucedería según estaba escrito.